"Fin de partida" en el Festival Internacional de las Artes

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Sinopsis y foto distribuidas por el Teatro Guiñol / tobiasovares@racsa.co.cr

Clov y HammClov y Hamm permanecen recluidos en una habitación, luego de una especie cataclismo que parece haber eliminado cualquier forma de vida afuera de las paredes de la habitación. Hamm, el dueño de la casa, ciego y paralítico, es acompañado por su sirviente Clov, que no puede sentarse y deambula continuamente cumpliendo torpemente los deseos de su amo. Junto a ellos, descansan dos cubos acuosos en donde viven -hundidos y sin piernas tras un accidente- Nagg y Nell, los padres de Hamm.

De forma reiterada, Clov repite su decisión de marcharse. Hamm, por su parte, insiste en sus calmantes o en su perro de fieltro o en la posición de su sillón. Estos tópicos enfrascan a los personajes en un diálogo que los conduce al sinsentido y al agotamiento vital. Mientras tanto, Nagg y Nell, cuando no duermen, conversan, evocando escenas de amor del pasado, paseando junto a un lago o montando en bicicleta. Clov no desaprovecha para reprocharle a su padre el haberle dado la vida. La poca humanidad de los personajes se extingue entre tanto rencor.

Poco a poco, el discurso de cada personaje se va agotando. Las palabras pierden sentido, no tienen ya capacidad de evocación. La posibilidad de que Clov rompa el vínculo que tanto lo atormenta se hace cada vez más posible. Finalmente, Clov da la impresión de querer marcharse aunque no parece querer o poder lograrlo...